Daniel Lorenzo Cuesta
Profesor de Viola del Conservatorio Profesional de Música
de Palencia
Febrero de 2007
Email: dviolista76@hotmail.com
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Con
este breve escrito deseo compartir las sensaciones vividas tras
tocar una viola del luthier Luís Fernández construida
para mí en el año 1995 así como enumerar una
serie de consejos para “moldear” el sonido del instrumento
y, en pocos meses, conseguir su máximo rendimiento.
Un instrumento musical recién terminado, tras una buena elección de los materiales, una correcta elaboración, un buen barnizado y un buen montaje final (puente, alma, cuerdas…) comienza una “vida sonora” basada en las relaciones acústicas de los sonidos que emite y en su propagación por la totalidad del instrumento. Estas relaciones se generan por simpatía con el resto de las cuerdas del instrumento, por la expansión de las vibraciones a través del mismo a lo largo del veteado de la madera y la potenciación de los armónicos que forman el sonido y que generan su timbre característico, etc. |
Por la experiencia vivida durante los primeros “momentos de vida” de mi instrumento puedo afirmar que, si bien es cierto que un instrumento nuevo debe poseer ciertas cualidades acústicas (buena respuesta inmediata en la producción del sonido, volumen de sonido adecuado, buena resistencia al peso ejercido, equilibrio entre las cuerdas…) la evolución que experimenta durante los primeros meses es fascinante. |
Sería muy interesante para la mayoría de los músicos construir el sonido de su propio instrumento, con su propia personalidad, ya que habitualmente se tocan instrumentos antiguos (en muchos casos deberíamos decir viejos…) que han pasado por diferentes intérpretes llegando a un determinado timbre y calidad de sonido.
Precisamente los instrumentos clásicos han llegado a su estado actual tras ser tocados con técnicas muy diferentes, distintos intérpretes, en diversas afinaciones (415, 430, 440, 460…) de modo que han sido “trabajados” y desarrollados todos sus registros sonoros: Tesitura, potencia, sensibilidad, colores… Con todo ello se da la circunstancia de que los mejores instrumentos de los mejores constructores han sido tocados por los mejores instrumentistas, por lo que el resultado final son instrumentos casi perfectos que se adaptan a cualquier repertorio e intérprete. Son instrumentos que han “aprendido” a sonar de muchos modos y es esto mismo lo que les da la mayor de sus cualidades, la facilidad para ser tocados.
Por todo ello sostengo que a un instrumento recién terminado no se le pueden exigir las mismas cualidades sonoras que a un instrumento tocado durante décadas. |
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Estas cualidades, que son muchas veces compensadas con la “salud física” de un instrumento nuevo, libre de grietas, reparaciones no siempre bien realizadas, estética del instrumento por el estado y conservación del barniz, sin golpes recibidos, etc. se adquieren poco a poco durante los primeros meses de esta “vida sonora” de modo que, tras aproximadamente un año de ejecución y “enseñanza” exigente por parte del intérprete, el instrumento deja de desmerecer acústicamente frente a un instrumento antiguo que carezca de potencia, proyección en sala o resistencia físico-acústica ante la demanda de más sonido. Por tanto, si lo que buscamos es un instrumento antiguo en perfecto estado y acústicamente interesante, deberemos estar dispuestos a pagar grandes cantidades de dinero debido al valor real del instrumento y al valor añadido por el complejo “mercado” de compra-venta no exento de fraudes, especulaciones e intereses formados en torno a ellos. |
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Pero para que este “aprendizaje”, que es mutuo entre instrumento e intérprete, se realice correctamente debemos ayudarnos de una serie de ejercicios, técnicas y principios que permiten que el instrumento se perfeccione acústicamente y el músico por su lado mejore técnicamente.
Las notas tenidas
La práctica de notas tenidas es uno de los recursos más utilizados por los grandes pedagogos para trabajar la calidad del sonido y diversos recursos interpretativos (legato, crescendos, decrescendos, búsqueda de colores…). Este recurso incide directamente en el instrumento ya que, al producir un sonido constante, rico en armónicos y próximo al puente, la cuerda vibra al máximo de su capacidad proyectando las vibraciones al resto del instrumento a través del puente, pasando a la tapa superior y a la inferior por medio del alma.
Así pues, aconsejo la ejecución de cuerdas al aire simples y dobles desde el principio exigiéndole el máximo al instrumento usando un arco lento, punto de contacto cercano al puente y máximo peso llegando al límite de la resistencia del instrumento. Posteriormente trabajaremos diversas escalas muy lentas buscando en cada momento un sonido pleno, el centro del sonido, redondo, que encontraremos con mayor o menor facilidad en función del grado de “aprendizaje” en el que se encuentre el instrumento. |
La afinación
Si bien es cierto que a lo largo de la historia de la música se han utilizado diferentes sistemas de afinación (temperada, mesotónica, Valotti, pitagórica…) y que el La de referencia ha oscilado entre 415 y 460 Hz aproximadamente según la época y el lugar geográfico, el principio de afinación de intervalos puros procedente del principio físicoarmónico es el que nos permite sacar el máximo partido al instrumento y nos muestra con mayor evidencia los defectos en la afinación por medio de los batimentos (vibraciones más o menos audibles resultantes de la ejecución simultanea de 2 sonidos)
Por ello es muy conveniente trabajar con minuciosidad la afinación de dobles cuerdas en intervalos perfectos (4as, 5as y 8as justas) así como los de 3as y 6as buscando en todo momento la afinación que permite que ambos sonidos se empasten por medio de los armónicos comunes y ofrezcan un sonido lo más compacto posible.
En muchas ocasiones no somos conscientes del grado de perfección de nuestra afinación. Una de las herramientas que nos muestran con mayor evidencia la afinación exacta consiste en la búsqueda del sonido diferencial o tercer sonido de Tartini. Este sonido consiste en el sonido resultante de la ejecución de dobles cuerdas. Cuando éstas se encuentran perfectamente afinadas por el principio físicoarmónico surge un tercer sonido de frecuencia inferior que resulta audible para el oído humano aunque este sonido realmente no existe. Es ésta una de las experiencias más evidentes que muestran la dificultad que nos encontramos a la hora de afinar correctamente ciertos intervalos. Podemos encontrar información ampliando este tema en el siguiente link: http://www.arrakis.es/~barsean/afinacion.htm |

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Los armónicos
Los sonidos armónicos naturales, en los que vibra toda la longitud de la cuerda o artificiales, en los que la longitud de cuerda es acortada por medio del primer o segundo dedo haciendo de capotasto, permiten al instrumento potenciar frecuencias que habitualmente no son tocadas. Por ello, partiendo de los mismos principios de obtención del sonido (arco lento, próximo al puente, forte…) deberemos recorrer la tesitura del instrumento con máxima atención a la afinación, lentamente, sin prisas.
Una de las evidencias que indican que el instrumento comienza a “aprender a sonar” es que a lo largo del tiempo, ciertas notas o frecuencias suenan con más profundidad, con más armónicos cuando antes no sucedía. Esto suele darse principalmente en notas pisadas con fuertes relaciones acústicas con las cuerdas al aire como por ejemplo el La de la 3ª cuerda de Violas o Violoncellos por su relación con la cuerda al aire, o el Fa# en la 2ª cuerda de estos mismos instrumentos por la relación de cuarta aumentada respecto al Do cuerda al aire. |
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Teniendo en cuenta estos consejos, sin olvidar que estamos mejorando nuestro instrumento a la vez que nuestra propia técnica, conseguiremos que exista una relación más estrecha, incluso afectiva entre intérprete e instrumento.
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